La ciudad de Trujillo, lejos de ser la Ciudad de la Primavera, más parece la Ciudad de la Publicidad. La contaminación visual producida por el exceso de paneles comerciales, contamina el paisaje urbano debido a la errónea costumbre de creer que la publicidad es más efectiva para las personas cuando es más grande y colorida. Un factor más es la presencia de casonas deterioradas que, aparte de representar un peligro para el los peatones, afectan de manera negativa a la ciudad, mostrándola descuidada y sucia, otorgándole un aspecto poco atractivo para el turista. Un caso similar se observa en las pistas y aceras a las que se aplican soluciones provisionales como los “parches” bajo orden directa nuestras autoridades.
El embotellamiento en las calles y el desorden vehicular causado por la saturación del parque automotor en la ciudad, es originado por el desempleo y el poco interés de las autoridades que no hacen valer su “poder” y no muestran la suficiente capacidad técnica para elaborar propuestas viales factibles y adecuadas. Un problema ligado con el mencionado anteriormente es la contaminación acústica causada por los autos y sus bocinas, y que constituye uno de los principales factores que alteran la imagen de la ciudad. Si tan solamente se hiciera cumplir la legislación respectiva, disminuirían drásticamente los ruidos producidos por choferes inescrupulosos que no piensan en el daño que causan al hacer uso exagerado de la bocina.
Todo eso nos da a conocer que el deterioro de la imagen urbana del Centro Histórico de nuestra ciudad no solo se da por el mal cuidado de las casonas y su arquitectura, sino que todo es un conjunto de factores que unidos nos llevarían a ser una ciudad mejor vista y recobraríamos el peso que Trujillo siempre debió tener en el país.
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